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¡¿Cambiará mi pensión?!

En los últimos meses se ha reabierto en la opinión pública el futuro del Sistema Público de Pensiones actual, afirmando que es imposible su sostenibilidad en el tiempo de no producirse ciertas reformas.

El principal punto de desacuerdo viene generado por el retraso de la edad de jubilación, pasando de la actual de 65 años a la futurible de 67. Este hecho tiene una explicación demográfica muy clara. La actual edad de jubilación ha permanecido totalmente invariable desde el año 1921, cuando se impusiera a través de la legislación relativa al “Retiro Obrero”. Para que se hagan una idea, la esperanza de vida al nacer en esa fecha no llegaba a los 45 años (corrigiendo el efecto negativo que pudo tener la mal denominada Gripe Española).

Así, una persona que se jubilase a en 1921 tenía una expectativa de cobro de su pensión muy corta, porque lo normal era que no se sobrepasara esa edad. Podemos decir que la duración media de esta prestación rondaba los 5 años.

Hoy en día, gracias a los avances médicos, nutritivos y en nuestros hábitos, la esperanza de vida al nacer ronda ya los 80 años de edad. Esto implica que la duración media cobro de una pensión se ha multiplicado por 3 ó 4 veces la que podría obtenerse en 1921.

Además, parece evidente que cada vez entra menos gente y más tarde a formar parte de la población activa, puesto que las tasas de natalidad son muy bajas en comparación con las de envejecimiento (lo que implica un mayor número de personas mayores a las que hay que cubrir con las prestaciones públicas) y la edad de incorporación al trabajo cada vez se retrasa más debido, principalmente, a la mayor formación de los trabajadores.

Por lo tanto, parece evidente que la reforma de nuestro sistema de pensiones deba ser un asunto a resolver a la mayor brevedad posible, ya que de él depende la supervivencia en unas condiciones dignas de las personas que dejan su vida laboral. No obstante, es muy probable que se produzca un recorte de las prestaciones tanto por el lado de la duración como por el lado de la cuantía, a pesar de tener en España una de las pensiones más bajas de la UE.

Hemos de ser visionarios en este aspecto y empezar a pensar en nuestro futuro y en nuestro presente. Para ello tenemos que considerar en gran medida los productos financieros que nos pueden ayudar a paliar esta situación, tales como los planes de pensiones y, en mayor medida, la hipoteca inversa.

España cuenta con un índice de propiedad de vivienda altísimo, por lo que hemos de concienciarnos que no hay mejor forma de conseguir una pensión que a través de nuestro ahorro en ladrillo, es decir, a través de una hipoteca inversa. Ese es nuestro reto, si lo conseguimos podremos disfrutar de nuestro periodo de madurez con las garantías de poderlo disfrutar.

P.D.: Publicado en la revista Senda Senior

Sobre el autor

Soy Licenciado en Ciencias Actuariales y Financieras. Mi actividad profesional siempre ha estado ligada a conseguir soluciones financieras y aseguradoras para las personas mayores.

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